viernes, 12 de octubre de 2012

"Todos los besos del mundo" en Aragón TV

La presentación de Todos los besos del mundo de Félix Romeo en el IAACC Pablo Serrano apareció en las noticias de Aragón TV.

Puedes consultarlo pinchando en este enlace, seleccionando el informativo Aragón Noticias 2, con fecha 5 de octubre de 2012, del minuto 37:50 a 38:45.

Presentación de "Todos los besos del mundo", por Rodolfo Notivol


Rodolfo Notivol es uno de los escritores que colaboró en la selección de los relatos que integran Todos los besos del mundo, junto con Daniel Gascón e Ismael Grasa.
Este es el texto que leyó en la presentación del libro que tuvo lugar el 5 de octubre en la terraza del IAACC Pablo Serrano:

"Es muy raro para mí estar hoy aquí presentado un libro de Félix. Es algo así como si el alumno pretendiera evaluar al maestro y no al revés. Porque Félix fue un maestro para mí en muchas cosas. Por supuesto, lo fue si hablamos de literatura. Hace algunos años, incluso asistí a uno de sus talleres de escritura. Esos talleres que él llenaba de juegos, de diversión y de pasión por las palabras. Y él fue también quién, más tarde, me empujaría a seguir escribiendo.

Pero las mejores lecciones que Félix me dio no las recibí en aquel taller, ni tuvieron por objeto los libros. Las mejores lecciones que Félix me dio, sus auténticas clases magistrales, fueron sus lecciones de amistad. 


Digo esto, porque Todos los besos del mundo es, precisamente, un libro nacido de la amistad. La que Eva y Chusé Raúl sentían por Félix. Pero es, además y sobre todo, un libro que resultaba necesario, un libro que hacía falta.

Y lo es porque Félix Romeo es un autor imprescindible si se quiere conocer lo ocurrido en las letras aragonesas y españolas durante los últimos veinticinco años.

Sin su figura nada hubiera sido igual.

Por eso la aparición de este libro me parece una gran noticia.

En él se recoge, como ya han dicho Eva y Chusé Raúl, una selección de sus cuentos en el orden cronológico en que los escribió. Esto nos permite leer el libro como una especie de biografía literaria y, por lo tanto, personal de Félix, pues él nunca supo escribir de otra manera que no fuera metido en la vida hasta las cejas.

Las narraciones que incluye el libro podrían dividirse perfectamente en cuatro etapas, que coinciden con los intervalos entre cada uno de los libros de Félix publicados con anterioridad, y en las que van apareciendo pistas sobre el camino que llevó al escritor hasta esos libros. 


El primer cuento “Buscando cielo”, escrito antes de la aparición de “Dibujos animados”, funciona como un prólogo, un prefacio, en el que se nos anuncia una parte importante de lo que vendrá después.

Encontramos ya en él, por ejemplo, la figura del padre, una de las constantes a lo largo de todo el libro. Así, la primera frase del libro nos dice: “Habíamos ido a ver a las grullas, y yo solo pensaba en mi padre”.

Encontramos también a su amigo Bizén, y a su amigo Chusé Izuel a cuya muerte dedicó luego el magnífico Amarillo.

Encontramos las referencias literarias y culturales que salpicarán muchos de los textos posteriores de Félix. Referencias que nunca pretenden ser un alarde, sino que Félix suma a sus narraciones de forma natural, como parte importante de su vida que eran.

Y encontramos también, finalmente, en estas tres pequeñas historias que componen “Buscando cielo”, su pasión por los viajes.

Fue en un viaje a Santander, precisamente, cuando Félix me recomendó la lectura de A cualquier otro lugar, la estupenda novela de Mona Simpson. Pues bien, estos días no he podido dejar de pensar que este libro se podría haber titulado también de esa manera: A cualquier otro lugar. Porque en Todos los besos del mundo todos o casi todos los cuentos están protagonizados por personajes que están viajando en ese momento o tienen un pasado lleno de viajes. En “La novia del viento”, otro de los cuentos que lo integran, el narrador llega a decirnos: “Ella preferiría estar siempre en el mismo sitio. Yo preferiría estar siempre en otro lugar.” 


Estos viajes, que también formaban parte esencial de la vida de Félix, nos remiten a su amor por las ciudades, a su afán por estar en el mundo y, también, a la idea de búsqueda. Algo que enlazaría con otros libros de Félix en los que hay una constante indagación como Noche de los enamorados.

Y, claro, donde hay un viaje hay un paisaje. Y es curioso que alguien al que le gustaba decir que no sentía el menor interés por los paisajes, utilizara estos como recurso para transmitirnos una sensación que cruza también todos los cuentos del libro: la sensación de extrañamiento.

En “Buscando cielo” el narrador nos dice: “Los olivos seguían allí. La carretera seguía allí. Nosotros parecíamos estar en otro sitio”.

Félix hace que sus personajes miren el paisaje como ven sus vidas, desde una cierta distancia, como si solo fueran una película proyectada sobre el parabrisas del coche en el que viajan y ellos mismos no formaran parte de él.

Como digo, “Buscando cielo” anticipaba ya algunas de las cosas que importaban a Félix, pero, cuando lo escribió, Félix no había pasado todavía por la cárcel y ese es el hecho que marca los cuentos siguientes del libro, un grupo de cuentos que entroncan directamente con su novela Discothéque.

En ellos queda reflejado el mundo carcelario y otros próximos a él, como el del boxeo, el de la lucha libre o el de los casinos. Son cuentos en los que se vuelve a indagar en la relación padre-hijo dejando ahora entrever casi siempre en ella un latido de culpa. Y son cuentos, por otra parte, trepidantes, que al leerlos me han hecho pensar en lo bien que se lo hubiera pasado con ellos Quentin Tarantino.

Son historias llenas de personajes estrambóticos, al borde del precipicio, muchas veces violentos, y que, como los del cineasta norteamericano, hablan sin parar, de forma nerviosa, casi como una metralleta, con repeticiones y frases cortas y rápidas, que silban como balas. De hecho, son cuentos llenos de pistolas. Y llenos también de elementos y personajes de lo que podría llamarse la “cultura popular”. Por ellos desfilan: Perico Fernández, Nino Arrua, el Real Zaragoza, los hermanos Lambán, Camilo Sexto, Homer Simpson o Cantinflas.

También son cuentos barrocos, abigarrados, en los que cabe casi todo. En los que parece estar todo el tiempo a punto de estallar la tragedia, pero en la mayoría de los cuales toda acaba en una comedia triste. Y en los que de repente se cuenta un chiste y a uno le parece oír a continuación una de aquellas estruendosas carcajadas de Félix que nunca olvidaremos. 


Con “La novia del viento”, cuento ya posterior a Discothéque, Félix parece querer quitarse la máscara de luchador de lucha libre y exponerse ante los ojos del lector de una forma más desnuda, sin protección. Así en los cuentos siguientes encontramos a un Félix más íntimo; en el que lo cotidiano, que sigue transcurriendo en mitad de los viajes, se hace más presente, y en el que dos de sus obsesiones principales: el amor y la búsqueda de la felicidad, toman mayor protagonismo.

Todos los cuentos de esta parte del libro giran en torno a las relaciones de pareja.

Son siempre parejas a punto de romperse, como en “Cinco camas y casi setecientos vinos”, un cuento divertidísimo, aunque de final amargo, donde una pareja hace recuento de las camas que han roto por efecto de su furor amoroso, hasta que descubren que lo que se ha roto de verdad no son las camas sino su amor.

Son parejas a punto de estallar, pero que parecen decidir darse una prórroga y hasta que llegue ese momento de la ruptura, celebrar la vida cada día como si fuera el último en que están juntas. Por eso son cuentos llenos de restaurantes, de comida, de vino y de sexo. Y también, otra vez, de aquella extrañeza a la que antes aludía. Ese desconcierto, casi humorístico, que sientes cuando, por ejemplo, consciente de que tu vida amorosa se va al carajo, te descubres incapaz de pensar en otra cosa que no sea algo, por otra parte tan común, como escribir un cuento sobre la visita de un grupo de poetas zaragozanos de los años cincuenta a la casa de Vicente Aleixandre.

Un cuento que destaca en esta parte del libro es “En una isla flotante”, donde además de esas relaciones de pareja, hacen acto de presencia otras de las preocupaciones más intimas de Félix como la ciudad de Zaragoza y sus ideas para mejorarla, la especial relación que mantenía con el agua, representada aquí en el río Ebro o ese desasosiego que creaban en él los crímenes no resueltos.

Los tres últimos cuentos del libro son tres de mis cuentos favoritos. Fueron escritos los tres en 2011 y forman un epílogo que nunca debió de haberse producido y que auguraba una madurez espléndida del escritor. 


Así, en “El hombre invisible y el zoo de los Bowles”, a través de un mecanismo tan sencillo como indagar en la relación que mantuvieron con sus mascotas, Félix construye una breve biografía, muy poco al uso, de William S. Burroughs, Paul Bowles y Jane Bowles en la que confronta vida y literatura y, sin subrayarlas en ningún momento, reivindica dos de sus ideas más recurrentes: que la vida debe estar siempre antes que la literatura y que esta no sirve sin un cierto compromiso moral.

En “Temblor”, el segundo de estos cuentos, Félix consigue un cuento delicioso, un cuento que se lee con una media sonrisa en la cara, esa media sonrisa tontorrona que nos dibuja en ella al descubrir un momento de felicidad entre dos personas que se quieren, un momento seguramente efímero, pero que ni siquiera un supuesto terremoto es capaz de destruir. Un momento que al ver la portada del libro no he podido dejar de relacionar con ella.

Y, finalmente, en “Verano del 75”, el último de los cuentos del libro, Félix vuelve a la infancia. A unas vacaciones con sus padres en la ciudad de Castellón durante el último verano de Franco en las que asiste a un espectáculo del bombero torero y visita a una pariente encerrada en un manicomio. Pero ahora la mirada hacia esa infancia ya no es la mirada nerviosa de aquel adolescente de Dibujos animados. Ahora se trata de la mirada de un adulto, igual de perpleja, pero más reflexiva y llena de preguntas que el paso del tiempo ha dejado sin respuesta.

Quiero deciros para acabar que, como le ocurría a Félix, me gustan los libros que retratan la vida de sus autores. Y, desde luego, en Todos los besos del mundo Félix sale de cuerpo entero, casi a tamaño natural.

Para quienes tuvimos la suerte de conocerle este libro es un reencuentro con nuestro amigo, con su voz, con su mirada siempre diferente del mundo y con su risa. Quienes no le conocieron podrán contemplar en sus páginas el retrato de un hombre alegre, apasionado, desbordante y, a veces, desbordado. Pero también generoso, frágil y tierno. Un hombre al que desconcertaba el mal y, en ocasiones, también la propia vida; pero que la amó y la celebró cada minuto. Un hombre al que nunca importó estar solo en defensa de aquello que creía la verdad, aunque eso le causara no pocas dificultades; pero al que aterraba la idea de vivir solo, sin amor o sin amigos. En definitiva, un hombre, como era Félix, esencialmente, libre y bueno."

Las fotografías recogen distintos momentos de la presentación de Todos los besos del mundo tomadas por el equipo del IAACC Pablo Serrano y por el fotógrafo Javier Burbano. Puedes ver más fotografías aquí:
Presentación "Todos los besos del mundo" de Félix Romeo en Zaragoza

Presentación de "Todos los besos del mundo", por Chusé Raúl Usón



Chusé Raúl Usón, editor de Xordica y co-editor de Todos los besos del mundo, leyó este texto en la presentación que tuvo lugar el 5 de octubre en la terraza del IAACC Pablo Serrano:

        "Amigas, amigos.

     Bienvenidos a la presentación de Todos los besos del mundo, una selección de los mejores relatos que Félix Romeo publicó a lo largo de casi veinte años en distintos medios y que no habían sido recopilados hasta ahora.

Quisiera comenzar, antes de pasar a la presentación del libro y del pequeño homenaje musical que hemos preparado desde la editorial, por el capítulo de agradecimientos:

En primer lugar, gracias a la familia de Félix: sus padres –Carmen y Félix–, y sus hermanos –Pedro y Ana–. Gracias a Lina Vila, su compañera, que puso a la disposición de los editores el ordenador personal de Félix para aclarar algunas dudas sobre sus cuentos. Sin el permiso y sin la colaboración de ellos no hubiese sido posible la publicación de este libro.

Gracias a Marisa Cancela, directora del Museo Pablo Serrano, y a todo su equipo. Marisa aceptó entusiasmada nuestra propuesta de presentar el libro en esta magnífica terraza. A Félix le encantaba esta maravillosa vista de Zaragoza, para él la mejor ciudad del mundo.

Gracias por supuesto a José Luis Campos, del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Cariñena, buen amigo de Félix, que ha querido sumarse a este acto de presentación y de homenaje. Con vino de Cariñena brindaremos por la memoria de nuestro amigo.

No quiero olvidarme de José Antonio Melendo, autor de la fotografía de la portada del libro, que nos ha permitido hacer diversas pruebas hasta dar con lo que íbamos buscando.

Gracias, cómo no, a los músicos: a Experimentos in da notte, a Juanjo Javierre, a Ángel Petisme y, en especial, a Gonzalo Alonso, que además de participar en el homenaje se ha encargado de la coordinación de los grupos y de las cuestiones técnicas…

Gracias a todos por estar aquí.


        Félix me “obligó” a ser editor. A finales de 1991 o comienzos de 1992 se me ocurrió contarle aquella locura que rondaba por mi cabeza. En mala hora. El caso es que cada vez que me veía me preguntaba por el proyecto de la editorial, si ya la había montado y todo eso. Y yo lo le decía que no, que no lo tenía claro. Y entonces él me abroncaba. En fin, ya os podéis imaginar cómo se ponía. Él fue el único que al principio creyó en Xordica. De eso han pasado ya 20 años.

Félix también me “obligó” a leer a Bernardo Atxaga, y a Xosé Luis Méndez Ferrín y a Miguel Torga, y a Raymond Carver, y Richard Ford, y a Tobias Wolff, a Sam Sephard y John Berger, a Georges Perec, y a Valerio Magrelli, y a Natalia Ginzburg…

Félix me presentó a José Antonio Labordeta, y a Javier Tomeo, a Antón Castro, a José María Conget, a Ignacio Martínez de Pisón, a Luis Alegre, a David Trueba, a Lara López, a Miguel Mena, a Ismael Grasa.

Si se permitís la broma, en mi calendario vital debería hablar de “A. F” y “D. F.”, es decir, mi vida antes de Félix y después de conocer a Félix. Y creo que esto es también extensible a muchas de las personas que hoy estáis aquí. Creo que a todos los que tuvimos la suerte de tratarlo, de ser su amigo, nos cambió la vida. Y creo, sinceramente, que nos ha convertido en una versión mejorada de nosotros mismos.

Para su desgracia y para la de todos nosotros, hoy en nuestro calendario vital hay que hablar de “C. F”. y “S. F”.” “Con Félix y “Sin Félix”, porque nuestras vidas han quedado ya marcadas por su presencia y por su ausencia, aunque esta solo sea física, por supuesto. 

Pepe Melero, ese furibundo zaragocista, le dijo a Félix Padre, hace ahora tristemente un año: “Era el mejor”. Y es verdad: Félix era el mejor de todos. Pero no porque fuese el más ingenioso, el más imaginativo, el más divertido, el más inteligente o el más sabio. Era el mejor amigo. Era el más cariñoso. La búsqueda de la felicidad, para él, pasaba indefectiblemente por la felicidad de todos y cada uno de sus amigos.

No es mi deseo caer hoy ni el desánimo ni en la tristeza. Eso es lo último que Félix desearía. Seguro. 

En este primer aniversario, para el que hemos preparado este Todos los besos del mundo queremos celebrar, hoy y siempre, la suerte de haberlo conocido. Brindemos por su memoria permanentemente. Busquemos siempre, como él lo ha hecho, la felicidad de los que nos rodean y hagamos de cada momento que estemos juntos una enorme Fiesta.

Como dice Aloma, gritemos hasta que nos oigan en Lechago y más allá: VIVA FÉLIX ROMEO!!"

En las imágenes, fotografías del editor Chusé Raúl Usón y del publico de la presentación, tomadas por el equipo del IAACC Pablo Serrano y por el fotógrafo Javier Burbano. Puedes ver más fotos pinchando aquí:
Presentación "Todos los besos del mundo" de Félix Romeo en Zaragoza

Convocatoria presentación de "Todos los besos del mundo" en Zaragoza


Esta es la convocatoria de la presentación de Todos los besos del mundo, que aparece en el blog de Xordica:

Queridos amigos:

Ya os habíamos avisado y, por fin, el libro está aquí.

Todos los besos del mundo es una selección de los cuentos que Félix Romeo escribió y publicó a lo largo de veinte años en diferentes medios.

El libro llegará el 15 de octubre a las librerías.

Lo presentamos el viernes día 5 de octubre en la terraza del IAACC Pablo Serrano de Zaragoza a las 19h.

Casi todos sabemos que Félix Romeo era vital, alegre y vivía la literatura y los libros -los suyos y los de los demás- como una fiesta. Por eso, el viernes 5 de octubre haremos de tripas de corazón para que la alegría gane a la tristeza por su ausencia.

Eva Puyó
y Chusé Raúl Usón han sido los editores y quienes han seleccionado los cuentos que reúne Todos los besos del mundo, y el viernes nos contarán cómo ha sido ese proceso. Rodolfo Notivol ha estado aconsejando y ayudando a los editores en la elaboración del libro y también estará el viernes.

Además habrá actuaciones musicales: Gonzalo Alonso, Experimentos in da notte, Juanjo Javierre y Ángel Petisme.

Brindaremos con vino de Cariñena y los ¡VIVA FÉLIX ROMEO! se oirán hasta en Lechago, donde hace unas semanas se inauguró una biblioteca con su nombre.

Será un placer veros allí.

"Todos los besos del mundo" en el blog de Antón Castro


 
El escritor y periodista Antón Castro habla de Todos los besos del mundo en su blog. Esta noticia también aparece en Heraldo de Aragón en su versión digital:

"Félix Romeo Pescador (Zararagoza, 1968-Madrid, 2011) escribió: “Soy escritor y vivo de las palabras. De ordenarlas y de desordenarlas. De hacer que digan cosas que siento y cosas que creo y cosas que suceden, las quiera o no, y cosas imaginarias y deseos y cosas que veo. (...) Soy escritor y también soy lector (...) Sí, me gustaría tener algo más que palabras. Pero no me gustaría quedarme sin palabras”. Las palabras fueron sus aliadas: en la lectura, en la tertulia, en las confidencias y en su correspondencia, en los emails o en los sms (solía despedirse con la frase “Todos los besos del mundo”) y en la escritura.

Gracias a su madre Carmen Pescador fue un lector incipiente, y no dejó de escribir jamás: artículos, poemas, prólogos, catálogos de arte, novelas, falsos diarios, diccionarios, novelas-reportaje o novela-crónica, como podrían calificarse libros como Amarillo (Plot, 2008), el relato de tres jóvenes en Barcelona cargados de sueños, o el póstumo Noche de los enamorados (Mondadori, 2012), donde hace la radiografía de un crimen, vinculado a su estancia en la cárcel de Torrero en su condición de objetor de conciencia insumiso. Y escribió cuentos sin parar: cuentos de encargo, sobre todo. El encargo era para él un estímulo: le obligaba a vencer cualquier resistencia o amago de pereza.

Firmó cuentos, de diversa factura y de varia obsesión, desde principios de los 90 hasta su inesperada muerte en Madrid. Y esos cuentos, diecisiete en total –aunque el primero, ‘Buscando el cielo’, en realidad contiene tres textos, más bien complementarios, sobre Gallocanta, Calanda y Los Monegros-, han sido recogidos por la escritora y bibliotecaria Eva Puyó y por el escritor y editor Chusé Raúl Usón en el libro Todos los besos del mundo (Xordica).

En varios de los primeros relatos, casi a la manera buñuelesca, se perciben dos obsesiones explícitas: la figura del padre y la pistola. Su padre, Félix Romeo, fue policía y esa profesión marcó el imaginario de su infancia. ‘Gallocanta’ arranca así: “Habíamos ido a ver las grullas y yo solo pensaba en mi padre”. ‘Monegros’ es un texto que parece desgajado de su novela de iniciación: Dibujos animados (1994). En el segundo relato, la pistola ya está ahí, como un objeto extraño en la vida de pareja: “Esta es una historia de amor. Aunque hay una pistola. Le pondré una pistola a Carmen en la cabeza y le diré que me diga que me quiere”. En el tercer texto, ‘A mad man with a gun. Thanks!’, dice: “Mi padre solo le ha puesto dos veces una pistola en la cabeza a un tipo”. En otro texto, de viaje, fuga y cárcel, anota: “México es el único lugar al que mi padre no puede ir, fue expulsado con deshonor por atraco a mano armada”. Y esa obsesión por el progenitor y las vidas peligrosas persiste en ‘Amar al padre’, donde cuenta: “Pagamos la fianza. Mi padre salió de la cárcel y un año más tarde, en el juicio, le condenaron a siete años de prisión”. En otro lugar, uno de los padres de ficción le pone una pistola en la cabeza al jugador Saturnino Arrúa.

Félix Romeo tenía otras muchas obsesiones: quizá su tema central fueran las tormentas de amor y desamor de las relaciones de pareja, siempre complejas, tortuosas y fascinantes; en ocasiones, las aborda con mucho sentido del humor, como ocurre en ‘Cinco camas y setecientos vinos’, el relato de una pareja, más bien ardorosa en sus encuentros, que destroza todas las camas que usa. Hay varios cuentos de amor, con viajes al fondo, con gastronomía y lecciones de francés, con la intimidad de cada día. “Grita terremoto, terremoto, y le besa en el cuello”, dice en ‘Temblor’, casi un microcuento de aire doméstico e inquietante. Hay muchas más cosas: la pasión por Zaragoza (“la novia del viento”, como la bautizó d’Ors) y el río Ebro, motivo de una tesis doctoral en uno de los mejores relatos del conjunto, ‘En una isla flotante’; el interés por los animales de compañía de los Bowles y William S. Burroughs. También están su visión cosmopolita, su afición a las ciudades, al arte y a los libros, y su equipaje favorito: la incorporación de su propia autobiografía a la ficción, tan presente en muchos textos y especialmente en ‘Verano del 75’.
‘Todos los besos del mundo’ es un libro paradójico: luminoso y doliente a la vez, vitalista y melancólico, límpido y a la par enmarañado de obsesiones, de ejercicios de estilo, de trampantojos de palabras, de búsquedas. Félix Romeo fue un escritor, un agitador y un ciudadano necesario que vivió “amorosa e irremediablemente herido por las letras”, como ha dicho Javier Tomeo."

En la imagen un retrato de Antón Castro por Alberto Aragón.

"Todos los besos del mundo" en El Periódico de Aragón

El 5 de octubre El Periódico de Aragón anuncia la presentación del libro Todos los besos del mundo, de Félix Romeo:

"Casi un año después del sorprendente fallecimiento del escritor aragonés Félix Romeo, se presenta esta tarde (19 horas) en la terraza del IAACC Pablo Serrano Todos los besos del mundo (editorial Xordica), una selección de los cuentos que Romeo escribió y publicó a lo largo de veinte años en diferentes medios y que no habían sido recopilados hasta la fecha.

Eva Puyó y Chusé Raúl Usón han sido los editores y quienes han seleccionado los cuentos que reúne el libro y serán ellos los que dirijan el acto de esta tarde donde explicarán cómo ha sido ese proceso. Junto a ellos, también intervendrá Rodolfo Notivol, que ha estado aconsejando y ayudando a los editores en la elaboración del libro. Una vez finalizado el acto, será el turno de la música ya que actuarán Gonzalo Alonso, Experimentos in da notte, Juanjo Javierre y Ángel Petisme." E.P.

"Todos los besos del mundo" en Artes y Letras

El jueves 4 de octubre en el suplemento "Artes y Letras" de Heraldo de Aragón, dirigido por Antón Castro, se publicó un artículo dedicada a Todos los besos del mundo, por Eva Puyó (co-editora del libro):

"A Félix Romeo le gustaban mucho los viajes. Todos los besos del mundo es una selección de sus mejores relatos y también tiene algo de viaje. Un viaje a lo largo de casi veinte años, que es el tiempo en que fueron escritos estos relatos. Como lector, a Félix le interesaban mucho los libros en apariencia “menores”, que a veces resultaban ser los más “personales” de los escritores: los diarios, las memorias, las cartas… Cuando componíamos Todos los besos del mundo deseábamos que fuera no solo un conjunto de buenos relatos, sino, además, ese tipo de libro raro y especial que le hubiera gustado a Félix. Sus páginas alumbran, en buena medida, la búsqueda incesante de Félix como escritor y las preocupaciones más íntimas de su vida.

La primera obra, “Buscando cielo”, son tres columnas-cuento que publicó  entre los años 1993 y 1994, antes de que apareciera su primer libro, Dibujos animados (Mira, 1994). Por entonces, Félix Romeo era bien conocido como un formidable y precoz lector, crítico literario y articulista. En estas breves columnas-cuento encontramos tempranamente esa mezcla de lo local y lo universal, y ese gusto por los géneros fronterizos que luego mostrará en libros como Amarillo (Plot, 2008). 

Hay un hilo invisible que une los relatos de Félix Romeo con el resto de su obra y con su propia vida. Así, en “A mad man with a gun. Thanks!” aparece el rodaje de la película Culpable para un delito, en la que participó como extra el padre del escritor. En ella, el director José Antonio Duce convierte a Zaragoza en una ciudad portuaria. Era algo que solía hacer Félix: ver la ciudad tal y como era, y, al mismo tiempo, de otra manera. Además, el asunto de “la culpa” fue una de sus grandes obsesiones y parece que encaja como un guante con el argumento de esta película: un hombre es perseguido por un crimen que no ha cometido.

El paso de Félix Romeo por la cárcel por un delito de insumisión marcó profundamente su vida. En el libro hay varios relatos de ambiente carcelario, como “Después del día de los enamorados”, cuyo título nos recuerda al de su obra póstuma, Noche de los enamorados (Mondadori, 2012). Félix Romeo ingresó en la cárcel el 14 de febrero de 1995. Allí conoció un mundo marginal que reflejó en sus relatos y explosionó en su segundo libro, Discothèque (Anagrama, 2001). De nuevo, continuaba dibujando personajes y lugares que engrosaban su imaginario personal: ¿por qué no podía aparecer en un relato el luchador de lucha libre de Ejea Félix Lambán?, ¿o el boxeador Perico Fernández?, ¿o el jugador del Real Zaragoza Nino Arrúa? En “Amar al padre” el delincuente de poca monta que juega a las cartas para pagar la condicional de su padre hace sus apuestas en el casino de Alfajarín. La calle por la que camina uno de sus personajes cuando sale de la cárcel es la “avenida de América”.

 
 
Uno de los motores en la vida de Félix Romeo fue el amor. Él mismo reconocía ser un yonqui del amor y de los afectos. En “La novia del viento” desaparecen los tatuajes, las pistolas, las máscaras y los atracos. A partir de entonces, la mayoría de los cuentos que escribe giran en torno a las relaciones de pareja. En este relato, cuyo título alude a la ciudad de Zaragoza, una pareja habla de separarse mientras, en la cabeza del protagonista, se va gestando un cuento que nada tiene que ver con esa crisis: un grupo de poetas de provincia piensa en hacer una visita al Premio Nobel Vicente Aleixandre. Muchos poetas de esa época tienen su foto con él, y el protagonista recuerda a los aragoneses Julio Antonio Gómez y Luciano Gracia.

En el relato “En una isla flotante” un profesor prepara una tesis doctoral sobre el río Ebro. Es un relato que combina muchas de las obsesiones de Félix: su preocupación por idear proyectos para mejorar su ciudad (en este caso, una isla flotante en medio del río), la lectura de autores que hablan sobre Zaragoza, la investigación de un crimen sin resolver (en el relato, el de una niña asesinada a la orilla del río), el viaje a otras ciudades que son, a la vez, un lugar de escape y un reflejo de la propia ciudad (es en Edimburgo donde surge la idea de la isla flotante), la presencia del padre y el difícil equilibro de las relaciones de pareja.

Mientras preparaba la edición de los relatos me gustaba encontrar, como si fueran las piedrecitas de Hansel y Gretel que nos muestran un camino, guiños a los pequeños placeres con los que disfrutaba Félix: las piscinas, los juegos de palabras, los momentos de brindis y celebración… En “Sonia y Natalia” el narrador nos habla de las dos mujeres a las que ha amado. Es un relato sensual sobre los momentos dulces compartidos y las tristes despedidas. Termina con: “Quise a Natalia y quise a Sonia. Incluso las quise al mismo tiempo. No puedo brindar sin acordarme de Natalia y no puedo no brindar sin acordarme de Sonia”.

Las tres últimas piezas del libro son, también, un reflejo de sus inquietudes como escritor. En “El hombre invisible y el zoo de los Bowles” Félix Romeo retrata a Paul Bowles, Jane Bowles y William S. Burroughs y su relación con los animales. A Félix le interesaban mucho las vidas de escritores, aunque, cuando leía acerca de ellos, decía que acababa poniéndose un poco triste. En este relato habla de un género, el de la “persecución”, que él mismo practicó a veces. Cuando fue a Tánger intentó encontrarse con Paul Bowles y con Mohamed Chukri, pero no tuvo éxito. 

Félix escribió varios microrrelatos. Uno de los más bellos es “Temblor”: un breve momento de felicidad y amor compartido, tan frágil como un leve terremoto. 

El último relato que incluimos lo escribió en el verano del 2011, poco antes de su fallecimiento. Se titula “Verano del 75” y narra unas vacaciones de infancia en Castellón. Con el trasfondo de la playa tardofranquista, el protagonista asiste a un espectáculo de vaquillas con el Bombero Torero, recorre un museo donde se exhiben mutaciones de animales, visita a una familiar ingresada en un manicomio y ve un incendio en la lejanía. En un apartamento atestado de gente, el protagonista se siente solo. Este relato es un final de nuestro viaje y un principio. Félix Romeo parece decirnos en él: de aquí es de donde vengo y no puedo evitar sentirme extraño."

"Todos los besos del mundo" en Aragón Radio


El jueves 4 de octubre el programa Comunidad sonora de Aragón Radio, presentado y dirigido por Alberto Guardiola, dedicó un especial a Félix Romeo y a Todos los besos del mundo. Esto es lo que nos cuenta Octavio Gómez Milián (colaborador del programa) en su blog Al oeste nos encontrarás:

"El pasado jueves dedicamos el Espíritu de Margot en Comunidad Sonora (Aragón Radio) a recordar a Félix Romeo. El escritor aragonés amante del pop, la canción italiana, el agua, las mujeres y las terrazas, nos dejó hace un año y hoy viernes se presenta en la terraza del Pablo Serrano una recopilación de sus relatos Todos los besos del mundo (Editorial Xordica). Coordinado por Eva Puyó y Chusé Raúl Usón, en la presentación además de estos dos últimos estarán el escritor Rodolfo Notivol y actuaciones de Gonzalo Alonso, Juanjo Javierre, Ángel Petisme y Experimentos in da notte. Escuchamos textos de Félix Romeo, de juventud, Philip K. Dick, pistolas y trenes con la música de Paolo Conte, Petisme, Domador, Club Eléctrico y The Smiths. ¡Viva Félix Romeo!"

Puedes escuchar el programa pinchando en el enlace: Descargar

En la imagen, fotografía de Octavio Gómez Milián durante una actuación. 

"Todos los besos del mundo" en el blog de Octavio Gómez Milián


Octavio Gómez Milián le dedica esta entrada a Todos los besos del mundo en su blog Zaragota:

"Comparto la noche entre Monreal del Campo, Zaragoza y Granollers con gente a la que quiero y admiro. Miramos al cielo y apuramos los cafés tibios, nadie quiere irse a dormir, la noche es especial. Llamo a Miqui Puig y le cuento que el viernes presentamos un libro de un amigo, de Félix Romeo, que el libro se llama Todos los besos del mundo y que estaremos tocando con Gonzalo Alonso, con Juanjo Javierre, con Ángel Petisme... Miqui me pregunto por Félix y yo le cuento que una vez fui un adolescentes que no tenía dinero para comprarme Dibujos animados y que entraba en el Corte Inglés, cuando solamente había un Corte Inglés y entraba por las tardes a leerlo poco a poco. Años después Félix me regaló un ejemplar. Cómo leía los libros de todos sus amigos, buscaba el placer de las terrazas y amagaba con cantar hermosas canciones italianas. Preparo una mixtape, un cassette...abrimos con Via con me de Paolo Conte y cerramos con Suedehead de Morrissey

Hemos buscado las mismas paradas, Félix."

"Todos los besos del mundo" en Radio Zaragoza


En el programa de radio "A vivir Aragón" de Radio Zaragoza, Eva Puyó (co-editora del libro) y Eva Cosculluela (librera de Los portadores de sueños) hablaron de Todos los besos del mundo, de Félix Romeo, con el director y presentador Miguel Mena. El programa se emitió el domingo 30 de septiembre, de 13'15 a 13'30 h.

Puedes escucharlo pinchando en el siguiente enlace:

Ir a descargar

"Todos los besos del mundo" en ABC

El periódico ABC se hace eco de la aparición de Todos los besos del mundo en una noticia del 3 de octubre de 2012.

La fotografía de Félix Romeo es de Aloma Rodríguez.


Final del formulario
Libros / RELATOS
 
La editorial Xórdica reúne en un volumen los relatos del gran escritor e inolvidable colaborador de ABC y ABC Cultural fallecido hace un año.

A. Astorga / MADRID
Día 02/10/2012 - 10.30h

Un año después de su muerte, el inolvidable escritor y colaborador de ABC Félix Romeo (Zaragoza, 1968-Madrid, 2011) «vive» a través de su obra literaria. La editorial Xórdica presenta este viernes, en Zaragoza, «Todos los besos del mundo», -obra que estará en librerías una semana después, a partir del 15 de octubre-, que reúne los mejores cuentos que el autor dotado de una bonhomía inalcanzable publicó durante dos décadas en distintos medios, entre ellos ABC, y que nunca habían sido recopilados en un volumen, como lo hace ahora Xórdica.

Estos maravillosos relatos abrazan las obsesiones y pasiones que Félix Romeo expresó en todos sus libros, y «permiten seguir su evolución como escritor. Además, la forma breve del relato le permitió mostrar una intimidad especial, doméstica y extraña, aparentemente cotidiana y, al mismo tiempo, reflejo de la complejidad del mundo», destacan los editores. 

«Todos los besos del mundo» reúne historias familiares, algunas de ellas basadas en su memoria personal, relatos sobre las relaciones de pareja y su imposible equilibrio, su amor por las ciudades, los libros, la amistad, la vida. Sus relatos «nos hieren y nos sanan como si fueran a la vez veneno y antídoto», subraya la editorial Xórdica. «Con su indescriptible melancolía, sus historias de personajes que buscan la felicidad nos acompañarán siempre».

Herido por las letras

Félix Romeo nació en Zaragoza en 1968. Escritor, crítico literario, columnista, traductor, agitador cultural, colaborador de radio y televisión, dirigió el programa «La mandrágora» (RTVE), -que mereció una mención del Premio Ondas-, publicó las novelas «Dibujos animados» (1994), «Discothèque» (2001), «Amarillo» (2008) y «Noche de los enamorados» (2008). Colaboró en ABC y en ABC Cultural, donde durante años firmó la sección «Far Web» y publicó crítica de libros.

Félix Romeo era un hombre herido por las letras, como dice su buen amigo Javier Tomeo, «amorosa e irremediablemente herido por las letras». Ignacio Martínez de Pisón lo dibujaba como una maravillosa persona que «sabía que los buenos libros están hechos con los mismos materiales con los que está hecha la vida: lágrimas y dolor, pero también risa y alegría».

Félix Romeo falleció el 7 de octubre de 2011 a los 43 años a causa de un paro cardíaco, con toda la vida por delante. Fue también becario de la Residencia de Estudiantes de Madrid y, entre 1994 y 1995, estuvo encarcelado por un delito de insumisión en Zaragoza. Asimismo, su voz se escuchaba en Radio 3, y su pulso literario en «Letras Libres», «Revista de Libros» y «El Heraldo de Aragón». Vertió al castellano «Sagitario», de Natalia Ginzburg; «Y si mañana el miedo», de Ondjaki; y «Biblioteca», de Gonçalo Tavares.

«Desbordante de una contagiosa humanidad» (J. M. Prada)

Juan Manuel de Prada retrataba a Félix Romeo en ABC en un maravilloso artículo tras su muerte: «Conocí a Félix Romeo cuando el mundo todavía era joven, en una Zaragoza jocunda y fraterna, adonde me fui, como un buhonero de la literatura, a presentar mi primera novela (...) Enfrente de mí, al fondo de la mesa, se sentó Félix Romeo, orondo y ecuménico, con algo de obispo cismático y algo de sacamantecas buenote, desbordante de una contagiosa humanidad en la que se entremezclaban el sarcasmo hiriente y la cariñosa eutrapelia. Félix Romeo, que había estado en la cárcel por insumiso, tenía un poco arañado el corazón, que sin embargo era cálido como una estufa; y su inteligencia, siempre en vela, se derramaba por doquier, ansiosa de catalogar el mundo. Como suele ocurrir con todos los sentimentales, Romeo escondía su bondad detrás de una máscara de lobo feroz; y, aunque era todavía muy joven, parecía haber leído todos los libros, o siquiera haberse hecho un juicio sobre todos los libros, en el que se entremezclaban belicosamente el entusiasmo y la arbitrariedad».

Este mundo, sin Félix Romeo, como concluía Juan Manuel de Prada, «se torna más y más irrecuperable». El aire es cada vez más mefítico. sin su palabras ni su voz.